El molino tamiz

Tengo ganas de volar, de tomar mis valijas y salir; aún no se a donde y no es muy importante tampoco. Siempre salí conmigo a todos lados pero ahora soy un extraño solitario, no se quien me acompaña y que podrá hacer de mí, le temo mucho porque es impredecible aunque permanece su carácter gris, su oscura mirada de la vida y su tragicómico pensar.

No hay muchos que lo conozcan pero todos saben de el, que absurda bronca de no saber quien es mi homicida compañero, dejé de dominarlo hace muchos años cuando lo dejé en manos ajenas, nunca debí lo sé y puedo inundar de ríos “pero”

Me tapó la excusa y mientras tanto me atrasé en el caminar, y se vencieron los engranajes rectos, los que eran correctos, DARDOS FUERA DEL TABLERO! traición eterna del otro que no perdona, herido abandonado, alejado de mí finalmente encontré que fui el homicida sin remordimientos, sólo letras vagas logran expiar de tanto en tanto esa piedra de tamaño desproporcionado que se deja ver en días de humedad y bruma pegajosa…

Una lágrima, dos, tres… perdí la cuenta de cuantas tamices filtraron el alma, pico y pico pero aún está ahí, quizá deba aprender a llevar la carga del descuido de la confianza a ciegas, de lo que nunca se debió prestar, ni compartir, después de todo fuí el asesino.

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